LOS LUDDITAS NO CHEQUEAN LO SUFICIENTE LA INFORMACIÓN QUE SE PUBLICA EN ESTE BLOG.
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Pappo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Pappo. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de diciembre de 2011

Alejandro Pappo recuerda una pequeña victoria del 2001


Vi al rati, el mismo del walkman, parado en la esquina dirigiendo el tránsito, con los auriculares en el cinto como exhibiendo un trofeo. Un patrullero que venía por Libertad se había quedado a mitad de Avenida de Mayo con el capot levantado; se le había soplado la junta de la tapa de cilindro, podía olerlo a unos veinte metros. Cuando miró hacia mi lado ya era tarde, lo había agarrado.
El día anterior había estado en la casa de Cavallo caceroleando de lo lindo con el cárter de un Valiant 3 y la biela de una F-100. Por la noche, cuando De la Rúa decretó el estado de sitio, nos fuimos con los pibes de la cuadra al fondo de casa donde guardaba una colección de cubiertas con banda blanca y las sacamos a la esquina. Tiré para atrás la tapa del encendedor a bencina que tenía grabado la guitarra prendida fuego de Hendrix, lo acerqué a las gomas, y dudé durante medio compás, porque era como pasar por una maquina de picar carne todas las latitas de cerveza que venía juntando desde los doce años, pero de la llama del encendedor salió la cara de Jimi y me pidió que lo hiciera.
Al rato las llamas iluminaron las calles oscuras de La Paternal y los vecinos empezaron a juntarse alrededor del fuego, como en un ritual antiguo, o como Jim Morrison pasado de alucinógenos. Nos vimos las caras, nos saludamos, cascoteamos a un patrullero, y cantamos Destrucción de V8.
En la mañana del 20 diciembre estaba en el taller con el Rata, el Chahi y Lisandro, preparando un asado de osobuco para festejar la renuncia de Cavallo. Sacamos la tele afuera, adentro el calor estaba insoportable. Desde ahí podíamos ver las cubiertas en la esquina que todavía humeaban, y en la otra esquina, y en la otra.
Ni bien prendimos la tele vimos a un cana de la montada corriendo a unos pibes que llevaban la bandera argentina en Plaza de Mayo, después los milicos tirándole encima los caballos a Las Madres, y los mismos milicos repartiendo chicotazos para todos lados. Me calenté para la mierda, entré al taller, agarré el block de un Torino y lo revolié contra la puerta de casa.
Me fui rápido a la pieza, abrí el ropero, saqué el pantalón chupín, la campera de cuero y lo guantes con los dedos cortados. Los chicos me miraron desde el umbral. Enseguida vuelvo, les dije y ellos comprendieron. Fui al garaje, cargué unas cadenas en la Harley, me subí y la hice rugir un poco. Salí a la calle, revisé el walkman, tenía un cassette con Creedence Grandes Éxitos para empezar del lado B. Puse play, el cabezal mordió un poco la cinta y después arrancó Fortunate son.
Cuando llegué el centro era un despelote, la cana pasaba en motos de a dos y el que estaba sentado atrás disparaba con una recortada contra los manifestantes, la gente corría retrocediendo, otros milicos se llevaban a los heridos entre cuatro o arrastraban a alguien de los pelos, sonaban alarmas de locales, volaban las piedras como volaban los gases.
Di unas vueltas, no sabía muy bien qué hacer hasta que vi a la policía montada avanzando. Me escondí en la ochava de una esquina y cuando escuché el repiqueteo de los caballos sobre Diagonal Sur salí. Aparecí de golpe saltando la vereda y un poli quiso frenar el caballo pero cuando el bicho escuchó cómo sonaban los 12000cc se asustó. Aproveché para tirarle la cadena a las patas del llobaca que se cayó de culo al piso con el poli. Se escucharon unos aplausos y gritos eufóricos, tomá rati puto, pensé yo. Pero el cobani se las arregló para pararse y me empezó a correr. Aceleré, hice unos metros y de pronto se apagó la moto. No me había fijado que estaba sin nafta. El cana empezó a correr con más fuerza con la intención de agárrame, yo la pateaba y la pateaba y no pasaba nada. Cuando lo tuve a dos metros arrancó, pero el cana ya estaba tirándose como si fuera el Pato Fillol y logró sacarme los auriculares del walkman. Me alejé unas cuadras a las puteadas.
Andaba sin guita y no quería dejar la moto tirada por ahí, así que me junté con unos motoqueros que estaban cargando limones para repartir y les comenté lo de la nafta. Un flaco me ofreció un poco de la suya, pero yo no tenía ninguna manguera para aspirarla. Otro me preguntó si no había probado con Vodka, pensé que me estaba jodiendo, pero el chavón insistió y me señaló la vinería de enfrente que tenía los vidrios rotos. Volví cargando tres botellas, se las metí y arrancó al toque. Enseguida salí con los pibes a repartir limones y tirar caballos.
Vi al rati, el mismo del walkman, parado en la esquina dirigiendo el tránsito, con los auriculares en el cinto como exhibiendo un trofeo. Un patrullero que venía por Libertad se había quedado a mitad de Avenida de Mayo con el capot levantado; se le había soplado la junta de la tapa de cilindro, podía olerlo a unos veinte metros. Cuando miró hacia mi lado ya era tarde, lo había agarrado. Sin darle tiempo, le pegué unas piñas, lo subí a la moto, y me lo llevé a la Paternal. Lo primero que hice fue sacarle los auriculares.
Cuando llegué el Rata, el Chahi y Lisandro todavía tenían la parrilla caliente. Me dijeron que me habían visto en la tele, y un par de vecinos se arrimaron para saludarme. Yo les pedí que invitaran a los demás, que íbamos a celebrar con un gran asado, y de paso que trajeran más carbón. Entonces todo el barrio se acercó con su plato y sus cubiertos, y ese día comimos poli asado con casco y ensalada mixta.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad de Alejandro Pappo


Saber que Papá Noel no existía fue un gran impacto en mi vida, tanto como cuando me enteré que los Kiss usaban maquillaje. El engaño y la apariencia me perturbaron muchísimo a tal punto que empecé a dudar si mi vieja era realmente mi vieja, si Hendrix tocaba realmente la guitarra o hacía pantomima y si el motor v8 traía 5 cilindros en vez de 8 en v como su nombre lo indica.
Ahora de algunas cosas estoy convencido, mi vieja me golpeó con una llave de 2 pulgadas cuando le pregunté si era realmente mi madre, su brutalidad me convenció definitivamente. Además con los años me pude comprar un chatita con motor v8 y al extraer la tapa de cilindro comprobé visualmente las dotes de este gran motor.
Sin embargo nunca puse en duda otros mitos o fantasías recurrentes de los pibes, como si los reyes magos realmente existían. Como en casa sólo había guita para festejar la navidad y en año nuevo nos acostábamos temprano, los reyes magos eran tipos que nunca habían andado por aquí. Cuando le preguntaba a mi vieja por qué no venían, ella respondía que lo reyes magos eran tres maricones que cantaban cumbia y se vestían como los Midachi cuando imitan a los Locomía, que una vez vinieron pero los sacó a los tiros porque los regalos que le hacían a los pibes después te lo cargaban en el alumbrado, barrido y limpieza.
Mamá murió el año pasado por un pico de presión en el recital de Judas Price. El duelo fue durísimo, entré al bar esa misma tarde de febrero y no me fui hasta entrado noviembre. Entonces pasaron las fiestas, navidad, en casa con amigos y mucho alcohol y por seguir la costumbre en año nuevo me puse el pijama de los héroes de rock and roll y me fuí a dormir tipo once.
Pero el día de reyes se acercaba, me di cuenta por las mesas con tablones repletas de juguetes que había en el centro de Merlo. Les parecerá una cosa de idiotas pero me puse a pensar que como mi vieja ya no estaba quizás los reyes magos no tengan miedo de pasar.
Entonces le pregunté a Emilito, un pibito de barrio que me consigue repuestos que era lo que tenía que hacer para que los reyes me visiten. Me dijo que tenía que ponerles algo para que los camellos coman y tomen. Entonces al llegar la tarde puse en un cenicero pistón, medio kilo de faso; y en un tazón, un litro de scotch nacional, pero Premium, para que sepan que no visitaban a un pibe sino a un tipo grande y rudo.
Créanme si les digo que de la emoción me costó mucho dormirme. Cuando me desperté a la mañana fui al patio y la decepción fue grande porque aún estaba el faso y el whisky que les había dejado, pero al recoger mis ofrendas vi un papelito que decía “fijate debajo de tu cama”.
Fui corriendo con el corazón a 9000 rpm, empujé la cama y en el piso estaba el paquete: una Gibson les Pauls americana edición limitada afinada y firmada por Albert King. Debajo de ella una nota: “El faso nos pega como la mierda y el whisky hace que los camellos se coman entre ellos, igual gracias. Abrigate en invierno y no te olvides que tenés turno en el kinesiólogo pasado mañana. Que disfrutes la viola”. Firmaban los reyes magos: Ritchie Blakmore, Jimmy Page, Brian Jones.
Ahora no tengo dudas y superé el engaño: sé que los reyes magos existen y que además son los padres. ¡¡¡Gracias vieja!!!