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domingo, 9 de octubre de 2011

Steve Jobs: otra baja para La Cámpora



No hace mucho que Amy Whinehouse dejó las filas del kirchnerismo suol por exceso de entusiasmo, y mucho menos aún que Leo Matioli abandonara el kirchnerismo meloso para ir a cantarle unas cumbias a su líder, y resulta ahora que le tocó al mayor representante del ciberkirchnerismo en todo el universo, el genio, o casi, llamado Steve Jobs.

Comparado con Leonardo Da Vinci por su capacidad para chorear inventos ajenos, con Galileo Galilei porque a los dos les gustaba tomarse un vaso de leche antes de irse a dormir, y con Newton porque sus ideas surgieron aferrados a un inodoro tras una cagadera mal por comer manzanas, el creador del iPad y del iPhone, era un fuerte cuadro del movimiento nacional y popular que, mucho antes que el propio Kirchner fuera kirchenerista, supo pelearse toda su vida contra las corporaciones informáticas y el monopolio de Microsoft.

El cofundador de Apple, al igual que el kirchnerismo lo hizo con la Ley de Medios que permitió abrir el juego a toda la sociedad, democratizó la informática con sus desarrollos de las computadoras personales. Pero además inició su carrera como todo pebete camporista sueña: ingresó en la universidad, se pintó unas remeras con tipografía de comics, cantó unas canciones de Los Redondos en el Centro de Estudiantes, se levantó un par de minitas con el chamullo del progreso económico, la ciencia y la tecnología, terminó dirigiendo una empresa multimillonaria, y después de su muerte el Clarinete le dedicó una tapa entera.

Si no fuera por el clima de triunfo asegurado del proyectito nacional en las elecciones presidenciales, más los festejos por los dos años de la sanción de la Ley de Medios, más otro festejo por el primer añito de la paz alcanzada entre los países hermanos de la Patria Grande, Venezuela y Colombia, que por estas horas excitan a la gran masa de jóvenes kirchneristas que te salen de los parlantes de la computadora y te pintan una pieza entera, la mesita ratona, y hasta los sócalos del baño, sería un buen momento para que los pebetes camporistas paren la brocha gorda y el rodillo un ratito, y se pusieran a pensar cómo es que cada vez se mueren más y más representantes de su agrupación en todo el mundo. ¿Quién le sigue, Bono, Sting?