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lunes, 12 de abril de 2010

Campanita y un piso de dólares flotantes


Después de intentar bajar a escopetazos a los archivos que volaban de una carpeta a otra en su Windows y no pegarle a ninguno, Juan Carlos Campanita decidió que era el momento de batir su récord en el Buscaminas. En el primer intento marcó 112 en el nivel intermedio. Falló cuatro juegos seguidos y después venía enfilado: le quedaban sólo 12 de las 40 minas por marcar y el reloj indicaba 55 segundos.
Los ojos se le iluminaron y sintió cierta adrenalina. El muslo le temblaba. Era su celular, que había dejado en vibrador.
Lo llamaban de la redacción de Losludditas. “La puta que lo parió”, pensó. Le pidieron un informe pormenorizado sobre la situación del tipo de cambio del modelo nacional y popular que timonea la Capitana de las Tierras y los Mares.
Cerró el Buscaminas y se puso a googlear un poco. Descubrió que el diario Clarinete del domingo había dado el pase. Y que los chicos de la Federación Agraria habían agarrado la pelota en el aire y le dieron de puntín.
“La inflación y el dólar estable ya afectan el tipo de cambio”, gritaban desde la calle Tacuarí. “Hay que subir el dólar a ocho pesitos”, lloraba el Facha Buzzi mientras le acercaba una gamuza a un peón para que le diera una repasada a la Toyota Hilux.
Campanita se subió a su Zanellita amarilla y puso proa para la provincia de Santa Fe. Pero a las pocas cuadras tuvo la suerte de cruzarse con el Torito Buzzi, que salía de un café de la calle Cerrito y se iba para el programa de Charly Fernández.
-Eduardo, Eduardo, ¿cuál sería el precio indicado para el dólar?”, le gritó Campanita sin bajarse de su motoneta.
-A cinco pesos con veinte estaría bien –respondió el agrario.
-¿Pero no van a poder viajar a Brasil para las vacaciones? –inquirió el súper héroe del periodismo.
-Entre diciembre y marzo lo bajamos a 2,50, papá –le respondió el Torito.
-¿Y no piensan viajar a Sudáfrica para el Mundial? –repreguntó Campanita.
-Mirá, yo ya arreglé con la hinchada de Banfield y viajo gratis –le respondió Burzzi mientras se subía a una mototaxi para llegar más rápido a lo de Charly.

Incansable buscador de la verdad, Campanita siguió viaje hasta la sede del Movimiento Productivo Argentino. Estaba cerrado, pero en la puerta había un cartelito que decía: “Estoy en el Club de Armas”. Veloz en su zanellita loca, nuestro hombre llegó de un tirón al lugar indicado. El Cabezón se estaba comiendo una paella pagada a cuenta de una futura amnistía. Campanita se metió en la cocina, redujo a un camarero, tomó sus ropas y se fue a servirle el postre al ex presidente.
- Perdón, ¿pero usted reivindica los gobiernos de Brasil y Uruguay, no es cierto? –sorprendió el veterano periodista.
- Desde ya –respondió el Cabezón mientras robaba un último calamar del plato de Horacito Jaunarena antes de que lo levantaran.
- Entonces, ¿por qué sostiene que el dólar tiene que estar arriba de cuatro pesos si en esos países el tipo de cambio ronda los dos?
No hubo respuesta. Ni propina.
Campanita regresó a su casa. Estaba decidido a batir su récord de puntos en el Solitario Spider.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fenomenal, brillante!