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jueves, 18 de marzo de 2010

Rinconcito de Formación para los Niños Bolivarianos


Hoy:
Rapunzel ó el despertar de la conciencia obrera ante la opresión de los medios de producción en un sistema de plusvalías (PRIMERA PARTE)

Había una vez un matrimonio heterosexual compuesto por un hombre –Fontanero él– y por la mujer –Tejedora ella– que vivía en una barriada de enormes fábricas. Allí vivían cientos de miles de trabajadores como ellos. Hacía mucho tiempo que la pareja deseaba tener hijos. Aunque la espera fue larga, al fin sus sueños se hicieron realidad.
Como es habitual entre las embarazadas, a la futura mamá se le prendió el antojo.
Todas las mañanas, desde la ventana de su casa, la mujer veía el enorme cartel PU-BLI-CI-TA-RI-O de la fábrica textil que había enfrente.
El cartel mostraba una cobija bien-bien-bien chévere. Y cada mañana, la mujer le decía a su esposo:
-¡Qué bonito sería que nuestra niña llegara al mundo y la cubriéramos con la cobija!
El Fontanero –de aquí en más el Plomero– no tenía dinero para comprar la cobija, pero como tenía los cojones por el suelo de tanto escuchar a la antojada mujer, fue cogiendo de la fábrica textil un pedacito de lana por día para que su mujer –la Tejedora– fuera haciendo ella misma la cobija.
Pero la fábrica era propiedad de un Brujo malvado que no tardó en descubrir al Plomero robándole lana:
BRUJO: Puedes llevarte mi lana pero a cambio tendrás que darme al bebé cuando nazca.
El Plomero, sin más remedio, tuvo que cumplir.
Al nacer Rapunzel, su hermosa hijita, se la entregó al Brujo.
La belleza de Rapunzel fue aumentando día a día.
Y el Brujo, para que nadie pudiera admirarla, decidió esconderla. Cuando Rapunzel cumplió 24 años, la llevó a lo más profundo del bosque. La encerró en una torre sin puertas ni escaleras. Imposible escapar.
El Brujo iba a visitarla y le decía desde abajo:
BRUJO: Rapunzel, tu trenza deja caer.
Rapunzel pasaba las mañanas, las tardes y las noches téjele y téjele sus trenzas y cantaba para olvidar las penas.
Un día paseaba por el bosque el Gran y Hermoso Líder Bolivariano. Y nuestro Líder alcanzó a escuchar la voz del Brujo. Gracias a su Oído Rastreador, el Líder Bolivariano encontró la torre y al Brujo que decía:
BRUJO: Rapunzel, tu trenza deja caer.
El Líder Bolivariano, astutamente, esperó que caiga la noche, se acercó a la torre y dijo:
LÍDER BOLIVARIANO: Rapunzel, tu trenza deja caer.
La hermosa trenza rubia calló a sus pies y el Líder Bolivariano escaló hasta la punta de la torre. La belleza de Rapunzel lo fulminó y le cantó esta canción:
LÍDER BOLIVARIANO: Dos gardenias para ti, con ella quiero decir…
Para que el Brujo no lo descubriera, el Líder Bolivariano visitaba el castillo de noche. Con Rapunzel pasaban las horas mirando documentales de Glauber Rocha y películas de Ingmar Bergman, leyendo a Galeano y discutiendo los pasajes más apasionantes de la Constitución Bolivariana. Pero un día –¡zás!– se quedaron dormidos y les cayó el Brujo Malvado.
A Rapunzel la envió a Guantánamo.
Y nuestro Líder Bolivariano, tratando de escapar, cayó de la torre y terminó en el policlínico de Barquisimeto.

(continuará...)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

grande comandante siga así, que hace falta adoctrinar a estos pequeñitos

carmen guapini dijo...

hola, me regusta el cuento,
no hay más?