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jueves, 6 de agosto de 2009

A la vuelta, a la vuelta


A pedido del público, retomamos la lectura compartida de la inconmensurable obra del genial historiador y pensador Vadim Brosky Carnevaca. En esta ocasión compartiremos el Capítulo 87 del tomo XIX titulado “El que no salta es un salamín” de su ya clásica Breve reseña de anécdotas bonaerenses.
Según don Vadim el ser humano tiene innumerables formas de perder el tiempo. Sin embargo en los pueblos de la provincia de Buenos Aires hay una que se repite incesantemente aunque con sus particularidades: “la vuelta al perro”. Este paseo, irritante para Brosky Carnevaca, consiste en girar por el centro de la ciudad en un vehículo a no más de 15 km/h. Consultado sobre este tema, el científico italiano Bruno Soplette sostiene que tan simpático nombre se relaciona a la similitud de quien practica este paseo con la costumbre canina de intentar morder su propia cola. Esto nos recuerda el caso del "Vasco" Zavarría de Baigorrita que en 1984 apostó a sus amigos que giraría tan rápido alrededor de la plaza que lograría chocar de atrás a su propio auto; luego la historia terminó trágicamente.
La vuelta al perro chacabuquense ha sido una de las más estudiadas. Su trazado forma una perfecta llave, lo que ha despertado todo tipo de interpretaciones. Ya en 1898 se escuchaba decir: “esta vuelta de porquería cierra la mente de nuestros conciudadanos”. La más difundida fue la del cosmetólogo Richard Kleidermman quién sobrevoló la zona y afirmó: “íbamos tan alto que no vi un carajo”(sic).
El Pastor Paulo Silas fue un entusiasta defensor de este paseo por considerarlo agradable a los ojos del Señor. Siempre argumentaba con palabras del evangelio "cuando dos o más esten reunidos, ahí estaré yo", pero la vez que aseguró haber visto al mismísimo Dios un domingo a la tarde manejando un 4L con el banderín de Racing colgando del espejo, sus seguidores coincidieron en declarar que estaba absolutamente loco. En otro número describiremos la dolorosa vuelta al perro rural, en la que el paisano para mostrar su camioneta nueva a los vecinos debe recorrer cientos de kilómetros por caminos poseados y la china que le mancha el tapisado con los pastelitos de membrillo y le vuelca el mate hirviendo sobre la falda y el gurí que pide pis a gritos y la china se raja un gas y el paisano abre la ventanilla y los tapa la tierra y se cansa y pega la vuelta al rancho la familia al galpón la camioneta.