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sábado, 15 de agosto de 2009

Siempre viví de cerca la tensión entre el fútbol y la televisión. Soy Hugo Nelson Lacavashell y animo tu cumple haciendo jueguitos y tocando la quena.
Resulta que ahora están todos espantados por la ruptura del contrato que imbricó a la AFA con TCyS por más de veinte añitos. Esos añitos lindos del 1 a 1, de Florianópolis, de video club y pizza, de esperar a la noche para que Marcelo Araujo nos endulce los oídos con sus gritos de gol.
Está bien, digan oooooohhhhh, qué barbaridad, ¿cómo puede ser? ¿que hará este pobre hombre Macaya, ahora? ¿Carlos Avila podrá terminar la primaria en Paraguay?
O del otro lado, "por fin nos liberamos de la tiranía privatizadora", o "todo el poder a la AFA de Futbolítas, Campesinos y Obreros" o "tomemos las oficinas de TyC y hagamos un centro cultural y un apoyo escolar".
Ojo chicos con lo que terminan haciendo. Fíjense. Yo pasé de Temperley en el año 87 al Neftohimic Bourgas de la segunda división del fútbol búlgaro gracias a la gestión de un mecánico de la otra cuadra de casa que tenía parientes allá.
Imaginensen, plena guerra fría, yo con apellido de linaje inglés y viniendo de un clú que se llama Temperley. Prácticamente me consideraron un espía y me pusieron a televisar los entrenamientos. Eso era televisar fútbol. Con cámaras soviéticas rústicas de la década del 50. Rápidamente aprendí todas las técnicas para ser un gran cameraman. Hacer foco en las series de abdominales bolita, planos contrapicados de las secciones de flexiones de brazo. Tomar solo el recorrido de la pelota en un campeonato de penales. A estas y muchas otras titánicas pruebas fui sometido bajo amenaza de traslado a un campo de reeducación en Camboya.
Asé que fíjense bien qué carajo hacen con la tele.