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jueves, 20 de mayo de 2010

¡Volvieron las Invasiones Charrúas!


Parte 6

A las tres y media de la mañana el Pepe se despierta sobresaltado por la luz de la luna llena. Sale de la carpa de lona y ve, a lo lejos, una deshilachada bandera uruguaya que se ondea sobre una escuela. Piensa que es hora de cambiar ese sol amable y medio ñoño por una expresión más desafiante y aguerrida. Que tenga la mirada metedora y rústica de un zaguero como Nelson Gutiérrez, el Hugo de León o el Paolo Montero, piensa. Que meta un poco de miedo, carajo. El insomnio no cesa y ahora piensa en demoler las mansiones de los argentinos en Punta del Este y llenarla de pasteras que escupan celulosa a troche y moche. La Lucía le duerme al costado, y el Pepe empieza a desmontar la carpa y la lleva en sus brazos hasta el sidecar.
Acelera la motoneta y sigue el curso del río Negro. Cuando el margen se estrecha, cruza hacia la ribera norte e ingresa en la pequeña ciudad. La fábrica está un poco derruida, pero en sus paredes aún persiste, intenso, el perfume ácido de las cáscaras de naranjas y la quinina. Los toros impresos en los carteles parecen resucitar. Con gesto adusto, el Braulio López y el Pepe Guerra hacen guardia en la puerta de entrada. “Pasen nomás, camaradas y compañeros”, les dicen al Pepe y a la Lucía, que ya está despierta. “Dale, paspado, que esto lo tendrías que haber hecho hace tres meses”, dice la senadora mientras empuja al presidente hacia el interior de la fábrica.
Los fantasmas de los 33 Orientales forman un camino impar hacia la bódega donde se encuentra el enorme caliz de la prosapia charrúa. Un frasco enorme, de 100 litros, con el cadáver del general José Gervasio Artigas conservado en agua tónica.
El eterno capitán Obdulio Varela destapa el frasco, toma un chivito enorme y lo sumerge en la tónica. Espera diez segundos, quita el sándwich del frasco y se lo pasa, ceremonioso, al Pepe. Lucía lo mira y lo induce. El Pepe le pega un tarascón. Los Treinta y Tres Orientales aplauden, Los Olimareños entonan “Al general Leandro Gómez” y la Lucía dice: “Pepe, la gesta heroica ha comenzado”. Ya amanece en Paso de los Toros.
(continuará…)